SISCU’S DIARY
Casa Antonio: Los 5 platos imprescindibles que debes probar en el Eixample
Un refugio gastronómico en el corazón del Eixample donde la tradición se saborea en cada bocado. Te invito a descubrir los platos que hacen de este rincón de la calle Aribau una parada obligatoria.
Pasear por el Eixample es, para mí, una de las mejores formas de tomarle el pulso a Barcelona. Hay calles que tienen una energía especial, y el carrer d’Aribau es, sin duda, una de ellas. Pero más allá del bullicio y del movimiento constante, lo que realmente me apasiona es encontrar esos rincones que mantienen viva la esencia de nuestra gastronomía: la honestidad, el producto y el cariño por el cliente.
Hace unos días, mi curiosidad me llevó a las puertas de Casa Antonio. Ya me habían llegado algunos rumores sobre su cocina, y lo que encontré fue un refugio culinario que se siente como casa desde el primer momento; un lugar donde la tradición no es solo una palabra, sino algo que se saborea en cada bocado.
A continuación, os detallo los 5 platos que definen la propuesta de Casa Antonio y que, si os gusta comer tanto como a mí, no pueden faltar en vuestra próxima visita.
1. Las bravas de Antonio
No se puede juzgar un restaurante sin pasar por la prueba de fuego de sus bravas, y las de Antonio son, sencillamente, de otro planeta. Pero hablemos de lo que realmente marca la diferencia: su allioli casero.
Hoy en día, es difícil encontrar lugares que sigan apostando por el mortero y el trabajo artesanal. Muchos caen en la comodidad de lo industrial, pero aquí se nota el oficio. Es un allioli con alma, cremoso y con ese sabor auténtico que solo se consigue cuando se hace en casa.
Si a esto le sumas una fritura de la patata impecable, crujiente por fuera y tierna por dentro, el resultado es un emblema de nuestra gastronomía tratado con un respeto admirable. Es, sin duda, un plato sencillo elevado gracias al cariño y a la calidad de los ingredientes. Sin duda, un imprescindible para empezar cualquier comida en Casa Antonio.
2. Tortilla
Cuando vi salir la primera tortilla de la cocina, supe que no podría elegir solo una. Así que hice lo que cualquier amante de la buena mesa haría… pedí un trozo de cada una para probarlas todas.
Empecé por la clásica de patata y cebolla, que es el termómetro de cualquier cocina tradicional. Y no defraudó: jugosa y en su punto exacto de cuajado. Pero entonces llegaron las otras dos y el nivel subió hasta convertirse en un auténtico espectáculo.
La de queso manchego, chistorra y panceta es una explosión de sabor, con ese toque ahumado y potente que te pide un buen trago de vino tinto al lado. Por otro lado, la de jamón ibérico y brie es pura elegancia. La cremosidad del queso fundido con la calidad del jamón crea una textura que se deshace en la boca. En definitiva, es nuestra gastronomía resumida en unos pocos bocados hechos al momento. Si vas con amigos, haz como yo: no elijas, ¡comparte!
3. Plato de cecina de León
A veces, la grandeza de un restaurante se mide por su capacidad para seleccionar el mejor producto y dejar que brille por sí solo, sin adornos innecesarios. Eso es exactamente lo que ocurre con su cecina.
No es una cecina cualquiera. Se nota desde el primer corte que estamos ante una pieza con una curación larga y cuidada. Tiene ese color cereza intenso y un veteado que se deshace al contacto con el paladar, soltando un sabor ahumado y profundo que es pura delicia. Es el bocado perfecto para acompañar una copa de vino y dejar que el tiempo se detenga. Si te gusta el buen embutido, este plato es ideal.
4. Canelón de «rostit» en bechamel de ceps
Hablemos de palabras mayores. Hacía muchísimo tiempo que no probaba un canelón que me hiciera cerrar los ojos en el primer bocado, y el de Casa Antonio lo consiguió. El relleno de carne asada tradicional ya es excelente de por sí, pero el toque maestro es que incluye foie. Soy un auténtico fan del foie, así que con ese detalle ya me tenían ganado antes de empezar.
Pero lo que realmente redondea el plato es la bechamel de ceps. Estaba, sencillamente, de muerte: sedosa, con el aroma terroso de las setas y una textura que envolvía el canelón a la perfección. Es ese tipo de plato que te reconforta el alma, pero con ese «plus» de elegancia que aporta el foie. Si vas a Casa Antonio, este plato es de paso obligatorio. No hay discusión posible.
5. El flan de Antonio
Cuando un plato empieza a ganar fama, las expectativas suben hasta las nubes. Ya me habían llegado varios rumores de que el flan de Casa Antonio era algo de otro mundo, así que no podía irme sin comprobarlo. Y vaya si tenían razón.
Lo primero que te sorprende es su textura increíblemente cremosa. De hecho, es tan denso y suave que por un momento te olvida del flan tradicional. Es casi como disfrutar de una cheesecake con un intenso sabor a flan. Viene acompañado de una nata montada deliciosa, de las de verdad, que equilibra perfectamente el dulzor. Sin duda, es el mejor final posible para una cena impecable. Un postre que, por sí solo, ya justifica la visita.
¡Ni se te ocurra irte sin probarlo!
Casa Antonio es uno de esos lugares donde el respeto por el producto y el espíritu de barrio se encuentran en cada plato. Si te he despertado la curiosidad (y el hambre), te animo a que eches un vistazo a su propuesta completa. ¡Vale mucho la pena!








